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El ácido hialurónico ha hecho su aparición en la escena de la estética como un poderoso factor nutritivo para los tejidos. Su gran capacidad para retener y almacenar agua en niveles que superan ampliamente su propia densidad es especialmente útil a la hora de reconstituir y reparar fibras de tejidos dérmicos.
Este ácido presenta una gran pureza y además es estéril, lo que reduce en una gran medida el riesgo de transmisión de enfermedades o la propagación de alergias. Por su composición rica en azúcares presenta un buen nivel de biocompatibilidad.
La función principal de este elemento es proporcionar hidratación de manera natural. Se utiliza comúnmente en tratamientos de arrugas y para disimular cicatrices en seres humanos. Otras de las ventajas del ácido hialurónico son la estimulación del recambio celular y las mejoras en la circulación periférica (sin contar su capacidad para otorgar luz y tersura al rostro). Por los principios básicos de este tratamiento, permite suavizar arrugas de un modo más natural que el que caracteriza a un lifting. Al mismo tiempo, se lo suele emplear como complemento en operaciones de este tipo.
A diferencia de otros materiales el ácido hialurónico es de duración limitada. Su reabsorción gradual por parte del organismo evita los efectos indeseados de los típicos tratamientos “definitivos”. En cuanto su efecto disminuye hasta el punto en que las arrugas vuelven a notarse levemente podemos recurrir a un nuevo retoque.
Algunas de las zonas más comunes en las que se aplica el ácido hialurónico son los contornos de ojos y labios, sobre la nariz y en la frente (especialmente en las arrugas verticales).
El ácido hialurónico toma su nombre de la combinación de las palabras ácido urónico y hialoide. Fue en el año 1934 cuando el farmacéutico alemán Karl Meyer logró aislar la sustancia en cuestión en la Universidad de Columbia, trabajando en un proyecto de oftalmología.
Es uno de los tantos polisacáridos naturales presentes en el cuerpo humano, y uno de los pocos ácidos que se encuentran en las células dérmicas.
Con funciones de “esponja molecular”, actúa llenando espacios interfibrales en el mismo gel colágeno, provocando así la retención del agua presente en él. Por otra parte, vale destacar que el ácido hialurónico no tiene una función farmacológica.
Se recomienda hacer de 6 a 10 aplicaciones, pero con intervalos de 7 a 15 días entre cada una. Los mantenimientos se deben hacer una vez al mes.
Publicado el: 27-12-2009
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