Cuando llegamos a la edad de 30 años, podemos diferenciar hasta siete signos o problemas ocasionados por el paso del tiempo.
A medida que trascurren los años es normal que muchas personas comiencen a preocuparse por su cutis. Las líneas de expresión, la aparición de pequeñas arrugas, son procesos totalmente naturales, y que no implica que tengamos una avanzada edad. Cada vez que mostramos alegrías, rabias o penas, nuestros músculos se contraen y distienden dando lugar a las comunes líneas de expresión.
Si a esto le sumamos los efectos los cambios hormonales que sufre nuestro organismo, y los efectos ambientales como los rayos solares, la aparición de ciertos signos es inevitable.
Nadie está a salvo de las arrugas. Las primeras líneas o arrugas aparecen en el contorno de los ojos (más conocidas como patas de gallo).La piel de esta zona es mucho más delgada que la del resto de la cara por lo que se encuentra más expuesta a la aparición de marcas. La expresión de emociones influye en la aparición de arrugas (besar, estornudar, etc.)
Junto a las arrugas pueden aparecer poros visibles. El poro es la apertura por donde sale el pelo, y cada pelo tiene una glándula sebácea que produce sebo para lubricar nuestra piel.
A partir de los 40 años aproximadamente los poros se vuelven más visibles dando una imagen estética negativa para la persona que lo sufre.
La suavidad que presenta nuestra piel cuando somos jóvenes se va perdiendo con el paso del tiempo, y los cambios se comienzan a notar llegados los 30 años. Se nota la piel mucho más gruesa y acartonada. El cambio de la textura de nuestra piel es producida por el engrosamiento irregular que ocurre en la piel. El daño solar acumulado año tras año es de gran importancia en la textura de nuestro rostro.
La pigmentación es la que produce en nuestro rostro que adquiera tonos desiguales. Este problema puede estar ocasionado por los rayos solares o la acción hormonal de anticonceptivos y embarazo.
La falta de luminosidad en nuestro rostro es algo completamente normal a medida que pasan los años, ya que las capas superficiales de nuestro rostro comienzan a acumular células muertas y pierde su brillo.
Las manchas suelen aparecer por la edad, y se intensifican por determinados factores ambientales a lo que estamos expuestos, como la exposición al sol.
La piel se deshidrata y se vuelve seca y rugosa. La suavidad de nuestra piel está relacionada con la hidratación. Para proteger a la piel de la perdida excesiva de agua, las glándulas sebáceas de nuestro organismo producen una sustancia denominada sebo. Con el paso de los años, la producción de esta sustancia decrece considerablemente, por lo que junto con los factores ambientales, la piel pierde mucha agua, y se torna seca y rugosa.
Publicado el: 24-03-2010
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